Por qué seguimos enganchados a la carne tras 2,5 millones de años de evolución

Publicado en El caballo de Nietzsche, de ElDiario.es

 

'Enganchados a la carne', publicado por Igualdad Animal y Plaza y Valdés editoresDespués de revisar más de 500 informes y hablar con más de 70 expertos y científicos, la periodista polaco-canadiense Marta Zaraska decidió ponerse a escribir Enganchados a la carne. Se trata de un libro que reflexiona sobre por qué nos cuesta tanto a los humanos dejar de comer carne, pese a las múltiples razones de trato ético con los animales, en favor del medio ambiente e incluso por nuestra propia salud. Empezando por su madre: después de saber que el consumo de carnes rojas aumentaba un 50% las posibilidades de tener enfermedades cardíacas y un 20% la de padecer cáncer, dejó de comerlas. Pero solo durante quince días. “Me gusta la carne y la como. Fin de la historia”, le aseguró. Lo mismo ocurre con la conciencia cada vez mayor de que la producción ganadera es una de las responsables del cambio climático, como indicó la FAO hace más de un década.

“¿Por qué ponemos tanto esfuerzo en crear un avión eléctrico en lugar de centrarnos en el consumo de carne como responsable del cambio climático?”, se pregunta la autora. “Si a la gente le propusieras dejar de comer patatas para acabar con el cambio climático, seguro que sería más fácil”, aseguró Zaraska en la presentación a los medios del libro en Madrid, donde además aseguró que “si todos nos hiciéramos veganos de un día para otro, tendría el mismo efecto para el planeta que si dejáramos de usar todos los transportes de golpe”.

Sobre los motivos sociales y biológicos de esta adicción a la carne que ya data de hace 2,5 millones de años reflexionó la periodista y profundiza en su libro. Zaraska explica que los motivos biológicos están mucho menos desarrollados por estudios, aunque descarta el mito de que el cuerpo humano está pensado para comer carne, ya que otros primates superiores, como los gorilas, “tienen también colmillos y son vegetarianos”.

En lugar de eso, Zaraska apunta al ‘umami’. Se trata del quinto sabor que somos capaces de percibir (después del dulce, el salado, el amargo y el ácido), en japonés significa ‘delicioso’ y que nos genera una sensación de satisfacción. Nuestra capacidad para percibir este sabor y valorar otras sustancias, como las grasas y los azúcares, también definen nuestra capacidad personal biológica de prescindir del sabor de la carne.

Precisamente, este argumento es uno de los que más le ha costado concretar a la autora, ya que estas líneas están “infraestudiadas”. “Gran parte de la información que figura en el libro al respecto del sabor he tenido que desarrollarla yo misma después de hablar con científicos e investigar”, comenta. ¿Y qué pasaría si tuviéramos cubierta esa necesidad del ‘sabor a carne’? “La clean meat sería la solución”, defiende Zaraska. “Es similar a la carne consumida ahora y ya hay científicos que están perfeccionándola. Además tendrá más beneficios, ya que podremos jugar con las grasas para que sean beneficiosas, con menos colesterol aunque con el mismo sabor”, afirma. No obstante, la autora señala el hecho de que existen ya numerosas alternativas 100% vegetales de ‘carne falsa’ que cada vez se producen para un público más generalista.

Homínidos, cazadores y el patriarcado

Por otro lado, están los motivos culturales. Desde la explicación evolutiva de cómo los homínidos reconocieron que la carne tenía un mayor aporte de proteínas y azúcares, convirtiéndola en un súper alimento ante la falta de opciones cultivadas, a cómo la carne empezó a convertirse en una ostentación de poder e incluso en un aliado del patriarcado. “La carne animal nos ha mantenido alimentados pero ya no necesitamos sus nutrientes, existen innumerables alternativas”, dice Zaraska. “La escasez de este alimento hacía que quienes lo tenían, como los cazadores, fueran considerados poderosos”, comenta la autora, que cree que esa idea se mantiene en publicaciones donde se transmite que “los auténticos hombres comen carne”.

De ahí, pasando por los estereotipos sexuales, como que en la época victoriana se desaconsejaba a las mujeres que comieran la grasa de la carne para evitar que creciera su libido sexual o que incluso esté vetado su consumo a la mitad de la población. “Hoy día, sigue siendo más difícil para un hombre hacerse vegetariano que para una mujer, ya que tienen que demostrar que no son débiles por ello. Mi propio marido, que es vegetariano, empezó a hacer más ejercicio para luchar contra este estereotipo”, comenta.

Si todo esto está tan claro, ¿cómo es posible que sigamos comiendo carne? Marta Zaraska señala directamente al lobby de la carne, a sus aliados en los medios de comunicación y a sus cómplices en las administraciones. “Son una máquina de generar mitos”, asegura, y señala que pueden llegar a hacer creer a la población que los productos cárnicos son necesarios para crecer fuertes o que es posible un consumo sostenible. Cuando en 2015 la OMS hizo público que el consumo de carne procesada estaba directamente relacionado con el aumento de cánceres, la industria cárnica reaccionó rápidamente, publicando seudoinformes científicos, incluso firmados por médicos que desmentían aquella información. “Muchas veces esos documentos llegan al gran público y a los medios sin que se sepa que son patrocinados por ganaderos y productores”, asegura Zaraska.

Además, la autora señala que, contrariamente a lo que pudiéramos pensar por todas estas razones, el consumo de carne no para de aumentar: un 8% en Norteamérica, un 5% en Europa y hasta un 56% en Asia, tal y como recoge en su libro. “Si actualmente tenemos ya dedicada a la ganadería el 33% de la superficie agraria, no tendremos suficiente planeta cuando tengamos que responder a la demanda creciente de países como China o India”, indicó en su presentación.

Por este motivo -el auge del consumo de carne en países que antes de la globalización mantenían un índice muy reducido- llama la atención que el tema esté siendo muy discutido en países como China, Corea del Sur o Japón donde ya está publicado el libro, pero no así en otros países como la Polonia natal de Zaraska, donde ya ha sido traducido al polaco. “Se trata de un libro destinado a la gente que come carne y responde a preguntas como qué es lo que la carne tiene de especial para desearla tanto o por qué desempeña un rol tan importante en nuestra mesa”, señala. En España, Enganchados a la carne es la última publicación de la colección LiberÁnima, un catálogo de títulos en torno a la explotación y los derechos de los animales que edita Plaza y Valdés en colaboración con Igualdad Animal, organización a la que van destinados los beneficios que se obtienen con su venta. Javier Moreno, director ejecutivo de Igualdad Animal, destacó el valor de esta colección ya que, dijo, es una gran noticia que una editorial quiera apostar de manera altruista por los derechos de los animales.

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