La liberación del norte de Siria, la historia de las mujeres kurdas

Publicado en Público.es

El foco de interés de los medios internacionales que cubren la guerra de Siria se ha centrado estas semanas en dos puntos concretos: Guta Oriental —donde se han registrado ataques incluso en plena tregua patrocinada por la ONU y que ya ha registrado más de 500 muertos— y Afrin. Este último enclave, al norte del país, saltó hace un tiempo a los medios de comunicación por los ataques por parte de tropas apoyadas por Turquía al bastión kurdo, pero en España ha tenido más repercusión desde el pasado día 10, cuando se reportó que el ourensano Samuel Prada había fallecido en un bombardeo.

Baran Galicia, como se conocía al español brigadista, ha hecho que todas las miradas se giren sobre el conflicto en esa parte de Siria y sobre los extranjeros que actualmente acompañan los batallones del Ejército Democrático Sirio, las milicias kurdas y documentan la situación por la que están pasando los civiles en las ciudades atacadas o afectadas por embargos. Sara Ainhoa de Ceano-Vivas Núñez es una de ellos. Esta periodista madrileña viajó por primera vez al territorio kurdo en 2015 y desde entonces ha vuelto dos veces más: la última de ellas hace nueve meses y sin fecha de retorno. “Llegué con la idea de documentar la lucha contra el Daesh, pero luego me integré en la Comuna Internacionalista de Rojava. Allí hacen proyectos para reforestar el norte de siria, formación para los internacionales y otras formas de colaboración como la difusión”. Ese es exactamente su cometido ahora mismo, en Rojava y en Afrin, a donde ha viajado con la segunda caravana de apoyo a la resistencia del cantón kurdo.

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Las dudosas intenciones humanitarias de Francia con los armenios

El miércoles pasado decidí aprovechar la tarde viendo algún de esos clásicos que tengo por casa a la espera de tener tiempo. De la colección de Elia Kazan me quedan muchos títulos que ver (y que volver a descubrir), pero por casualidad elegí ‘América, América‘. Para los que no conozcáis esta película, se trata de una retrospectiva de sus propios orígenes. Stavros, el tío del director, es un joven que sueña con la nueva vida que le ofrecerá Estados Unidos. Una historia relativamente común de la inmigración pero con un trasfondo histórico olvidado e ignorado por los europeos: Stravros quiere abandonar su Turquía natal para dejar atrás la represión de los musulmanes contra los armenios y la posición de ciudadano de segunda de su pueblo, el griego, en esa sociedad.

La casualidad hace que un día después de ver la película, Francia apruebe una ley que condena con multas y prisión a todo aquel que niegue el genocidio armenio de principios del siglo XX. Unos hechos que dejaron -según el muy conservador Gobierno Británico- más de 50.000 muertos, pero que se calculan que fueron muchas más las víctimas, más de un millón, las que murieron a causa de los ataques del Ejército otomano, asesinados por las milicias kurdas, por el exilio en medio de Anatolia, el hambre, las enfermedades y, sobretodo, el silencio de la comunidad internacional. Sólo el Ejercito Rojo intervino en el asedio a la ciudad armenia de Van, pero sus motivos ‘solidarios’ son más que discutibles.

A pesar de que tres altos mandos del Ejército fueron sentenciados por lo ocurrido, el Estado turco nunca reconoció el genocidio y aún hoy en día hablan de ‘lamentables excesos’. Aunque la República Armenia tiene una población de más de tres millones de habitantes, todavía viven más de 30.000 armenios en territorio turco y son muchos los que siguen en el exilio. En concreto más de 600.000 viven en Francia, lo que hace dudar de que la nueva ley gala tenga intenciones únicamente humanitarias y en favor de los derechos humanos. Por si alguien se despista, en primavera del próximo año hay elecciones presidenciales en Francia y nunca está demás hacer un guiño a una minoría tan importante. Erdogán, por su parte, recuerda la propia historia sangrienta de la patria francesa en Argelia.