Presos de las petroleras: #FreeTheArctic30

Más de un mes después de un abordaje de película (de terror), empieza un juicio de locos. 30 activistas de Greenpeace, de 18 nacionalidades diferentes, se enfrentan en Rusia a acusaciones de piratería. El motivo, luchar por todas para que las petroleras no acaben con el Ártico. Un gran delito para uno de los países más poderosos y con más demandas por violaciones de los Derechos Humanos. Sobre todo de reunión y manifestación.

89107_143684Estados, once premios Nobel, ciudades, organizaciones. Todos han pedido la liberación de los activistas, entre los que se encuentran la tripulación del barco. Ellos escucharon por radio las barbaridades que las Autoridades rusas decían de ellos: terroristas, con bombas, explosivos, luego hablaron de drogas. Todo por justificar una detención violenta, desproporcionada y sin ningún rigor legal.

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La falsa bicefalia y los derechos humanos

El próximo sábado, 10 de diciembre, se cumplen 63 años desde que la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Un documento que durante todo este tiempo ha sido pisoteado por regímenes, gobiernos y dictadores y que actualmente lo siguen haciendo con el amparo -ya sea por omisión o inactividad- de las demás naciones ‘libres’. Lo que pretendo con este post es centrarme en un Estado que si no estuviera en Europa llamaríamos fallido, ya que no es capaz de suministrar servicios básicos a sus ciudadanos y donde las mafias están socavando el control de las decisiones políticas, del uso de las fuerzas del orden y está erosionando la autoridad legítima en la toma de decisiones.

Me refiero, para sorpresa de muchos, a Rusia. Seguro que alguien se sorprende de esta afirmación y no le culpo. Cuando los medios de comunicación tradicionales hablan de conflictos, violaciones de derechos humanos y ‘ataques a la Democracia’, rara vez se acercan a nuestras fronteras. Libia, China, Birmania, Somalia, Argelia, Corea del Norte, etcétera. Alguna vez se mete en el montón a Venezuela, Cuba, México o Marruecos, pero nunca a EE UU, Israel o Rusia.

En este último acaban de celebrar unas elecciones donde se han denunciado irregularidades electorales de tal magnitud como movimientos de votantes en autobuses, papeletas falsas o coacciones. Aún así, los medios occidentales han comentado la victoria ‘ajustada’ de Putin-Medvedev, dejando de lado la imposibilidad de hacer oposición o los obstáculos de los observadores internacionales para verificar la limpieza de las elecciones.

Pero las cifras son escalofriantes: centenares de ciudadanos opositores detenidos sin cargo alguno, imposibilidad de manifestarse en la calle, arrestos entre las ONG que piden transparencia al Gobierno… Al menos cuatro de los derechos recogidos por la Carta Universal -del 18 al 21- eliminados de un plumazo por una falsa bicefalia de un Ejecutivo corrupto. Y eso que no entramos en valorar casos como el de Chechenia, Ingushetia o el asesinato de Anna Politkovskaya.

Para colmo, los estudios sociales resaltan que la Democracia y los Derechos Humanos son dos de los asuntos que menos preocupan a los rusos. Pero en la UE preocupan menos, así que todos tranquilos.