Estoy aquí

Hace unas semanas buscaba con unas compañeras de trabajo un referente de país en derechos animales. Como siempre, los países del norte de Europa ganaron la competición. En primer lugar por la experiencia más próxima a nosotras. Cientos y cientos de perros abandonados que viajan cada año a países como Holanda o Alemania para encontrar la familia que nunca llegaron a conseguir en España. Un ejemplo, el refugio de Cambados. Desde la UE llegan alegrías de vez en cuando, como la prohibición de comerciar dentro de la Unión productos cosméticos para los que hayan experimentado con animales.

Mientras en España seguimos luchando contra la lacra de la tauromaquia, de brutalidades ligadas al alcohol y al exceso de las fiestas populares y de la visión de los animales como objetos a nuestro servicio. Y precisamente por ahí está empezando el cambio, por verles como seres vivos. Luego como seres con sentimiento y sufrimiento. Luego desligándolos de la cadena productiva. Y luego, respetando su derecho a la vida. ¿Qué menos pedir?

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