Llegó el día: ya no tengo derecho a decidir

267275_474002832631081_1825053547_nRealmente estaba esperanzada en que no llegaría este día, pero no fue así. Aún recuerdo que las primeras colaboraciones que hice para Praza Pública en 2012 ya fue sobre la contrareforma anunciada por Gallardón. Se titulaba “Una mala reforma da lei podería traer de novo os abortos clandestinos“. Algunos de los médicos de clínicas abortivas destacaban que lo primero que harían sería dificultar el acceso a la intervención subvencionada por dinero público. Una especie de privatización que traería consigo lo de hace 30 años: las ricas se iban a Londres y las pobres se arriesgaban en casa.

Además de esto, los médicos estaban preocupados por si se volvía a la ley de supuestos, que obligaba a la mujer a mentir. La mayoría de los abortos se situaban en el supuesto de la salud de la madre. Salud física y mental, por lo que muchos médicos marcaban esta última casilla y las mujeres tenían que pasar por locas, deprimidas o vete a saber que más. No había una casilla de ‘soy adulta y yo decido qué pasa en mi cuerpo’. Volver a mentir, era el gran miedo. Pues se quedaron muy cortos. Resulta que la salud del feto tampoco importa. Ni una vida de sufrimiento por as malformaciones con las que pueda nacer.

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Quien tiene el dinero tiene el poder

Hoy, 25 de noviembre se celebra, como todos sabemos, el Día Internacional contra la Violencia de Género. Más campañas institucionales, de nuevo buenas palabras y ánimos para denunciar. Pero ¿de qué sirve? ¿Qué pasa después de que la víctima levante su voz? Eso es lo que se preguntan miles de víctimas en España y en el mundo. Porque la violencia machista mata más que el cáncer o las carreteras, porque el año pasado se sobreseyeron hasta 48.000 denuncias y se han reducido las órdenes de alejamiento casi un 10% en los últimos cinco años según el CGPJ.

¿Cómo el Gobierno de Rajoy, Gallardón y Mato puede intentar dar esperanzas a las maltratadas de que hay vida más allá de su torturador cuando les están recortando hasta en un 24% las ayudas, están bloqueando su acceso a la justicia especializada e incluso dificultan el acceso al divorcio con las nuevas tasas judiciales? ¿Con qué cara van a mirar a la familia de la próxima muerta?

Porque la violencia machista -ni doméstica, ni en el ámbito familiar, porque nos concierne a todos y todas-, puede ser psicológica y física, pero también sexual, reproductiva y económica. Tal vez sea esta última, la violencia económica, la que se esté acentuando por la situación de crisis a la que nos han llevado, ya que la tasa de paro sigue siendo más alta en mujeres y las posibilidades de tener una vida después del verdugo son menores. Una violencia que no la ejerce una sola persona, un marido o un ex novio, sino toda la sociedad. ¿A quien recurrir cuando los últimos años todo tu dinero ha sido gestionado por ese mismo que te despreciaba, ese mismo al que tenías que mendigar tu salario hasta para tomarte un café? ¿A tus familiares, muchas veces ya ocupados en ayudar a otro miembro? ¿A la administración? ¿A las ONG cada vez con más demandantes y menos recursos?

Señores de las campañas institucionales: Háganos un favor y ahorren esfuerzos. Si quieren ayudar (de verdad) a las víctimas de la violencia machista, ya saben cómo. Gracias.

Campaña de Amnistía Internacional contra de la impunidad de los crímenes machistas en la Justicia española: http://goo.gl/WCSla

Cuando la violación y el maltrato es la norma

Estudiar las cifras de feminicios en Iberoamérica es mucho más que una patada en el estómago. Son cifras de tres y cuatro ceros, imposibles de cuantificar. 80.000 denuncias en el conflicto colombiano, 700 mujeres asesinadas en Honduras en sólo un año, 250.000 ingresos en hospitales brasileños por intentar abortar de forma clandestina. Y esas son sólo las oficiales. Las denuncias de mujeres que se sobreponen a lo vivido, sacan fuerzas de donde no las hay y se enfrentan a la reprobación de su entorno.

En España muchos casos de malos tratos no salen nunca de las sombras de las casa: por miedo a represalias, a que nadie las crea, al eterna promesa del ‘cambiará’, al no entender la situación como un problema, al ‘ha sido culpa mía’. Sin duda, es un reto para todas y todos que estas barreras desaparezcan y que los maltratadores sean repudiados en cualquier contexto de la sociedad. Pero una vez sobrepuesta a esos miedos, la mujer latinoamericana se encuentra con que no hay una legislación que la reconozca como víctima en sí, con que la corrupción de la policía hace inútil su denuncia, con que no tiene una casa de acogida a la que ir con sus escasas pertenencias e hijos, con que el maltratador le ha jurado matarla.

Pero ese no es el mayor problema, aunque cueste creerlo. Porque todas esas fases han pasado después del hecho más necesario: la mujer se ha negado a seguir siendo maltratada y le ha puesto nombre a esa situación. En Bolivia, en Guatemala, en Perú, las asociaciones de mujeres tienen como principal cometido educar en los valores de una relación. Explican a las mujeres que no es normal que les peguen, que las agredan sexualmente, que las controlen, que sus parejas tengan celos, que las insulten. Por que muchas de ellas han visto eso desde pequeñas en casa y en muchas ocasiones han sido víctimas de estos abusos por parte de sus padre, hermanos o tíos. Es educar para la superviviencia, es educar para la igualdad.

Radiografía de la violencia contra las mujeres en Latinoamérica, reportaje para Praza Pública.

Una tijera muy peligrosa

El próximo día 10, miles de mujeres y hombres saldrán a la calle en una Marea Violeta para protestar contra los recortes que el anterior Gobierno y el actual han infringido a las políticas de Igualdad. Unas medidas que afectará en el plano laboral, en la igualdad salarial, en la conciliación familiar, en el techo de cristal de las directivas, en la educación, en la reproducción, en la sanidad… Pero el aspecto más dramático y en el que más rápido se está notando la falta de medidas, es en el de la violencia machista.

No hay una regla matemática por la que se pueda saber cuántos casos se han evitado gracias a las órdenes de alejamiento, cuántas agresiones se ha evitado que acaben en muerte gracias a las pulseras de geolocalización o cuántas mujeres han podido salir del infierno de la dependencia hacia el agresor por las casas de acogida. Pero está claro que si las víctimas no saben que cuentan con estos recursos van a quedar en el anonimato.

En el reportaje para Praza Pública O perigo de ser invisible na violencia machista desmenuzo los primeros avisos a la sociedad de que algo está llendo mal: desde la cifra récord de víctimas mortales en Cataluña hasta el descenso de denuncias en Galicia. Ese es el eje de la cuestión, que sin esos grito de peligro nadie sabrá lo que está pasando de puertas para dentro. por eso es vital que haya centros de acogida, oficinas de información, teléfonos de ayuda (016), asesores legales y una red de asociaciones y apoyos que facilite la erradicación de esta lacra.

Unas herramientas que están en peligro y que nos va la vida en ello que no retrocedamos lo conseguido.