Un relato: La huida

Me sonrió y reparé en sus manos. Llevaba guantes de goma blancos, más como los que llevan los médicos que como los que se llevan para limpiar. Pero eso es lo que estaba haciendo, limpiar. En una mano, una bolsa de basura blanca. Grande, aunque no de tamaño industrial. Sin duda, no habría podido con una de esas por su edad. En la otra mano, un cepillo y un recogedor hábilmente cogidos entre solo cinco dedos. Iba para un sitio a otro con paso ágil, articulando una danza con los tres instrumentos con tanta fluidez que parecía que llevaba horas haciendo lo mismo. Igual llevaba horas haciendo lo mismo.

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