Regina José Galindo, la voz, desde el más allá, de 13 mujeres asesinadas por la violencia machista

Publicado en El Asombrario.

Todo comienza con su abuela. Una medium que vivía en Nueva York y a la que Regina José Galindo (Ciudad de Guatemala, 1974) visitaba cada verano. Ella tenía un loro y escribía poemas. Ella salía a recitar y el ave repetía cada última palabra de los versos. Precisamente, una de las primeras obras de la artista guatemalteca es una performance (‘Le voy a gritar al viento’) en la que, colgada del aire, recita sus propios poemas. Poco a poco la crítica sobre la desigualdad, la violencia y la impunidad se irán abriendo paso en su producción artística. En ‘Mientras ellos siguen libres’ denuncia sobre su propio cuerpo embarazada de ocho meses las violaciones y abortos forzosos que el Ejército cometió en su país; en ‘Pesos’ recuerda la esclavitud sufrida por miles de mujeres en la República Dominicana; o cómo fuerza a no olvidar las atrocidades del dictador Ríos Montt en ‘Quién puede borrar las huellas’. Se trata de usar el arte para visibilizar todas estas luchas, aunque desde los sectores más machistas y reaccionarios de su país la tachen de “puta” por usar el desnudo en su obra o aunque la propia artista considere que le queda grande el título de “activista”.

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¿Se puede hablar de feminicidio en España?

Publicado en DiarioAB.es

CruzesCuando escuchamos este neologismo, enseguida os viene a la cabeza México, Guatemala o la India, pero no el mes de auténtico terror machista que hemos vivido en España en agosto. El término feminicidio hace referencia a la muerte evitable de mujeres solo por el simple hecho de serlo. Es lo que hemos acabado matizando y llamando ‘por cuestiones de género’ y el feminicidio no es más que el resultado final y más macabro de un sistema que sigue considerando a las personas de un sexo inferiores a las del otro sexo. A este sistema lo llamamos patriarcado, a sus reacciones machismo y a la corriente que lucha contra esta desigualdad feminismo.

Profundizando más en esa imagen que podemos tener del feminicidio – tal vez las cruces de Juárez o las masacres de indígenas en Perú o Bolivia – , encontramos que cuando una mujer muere por no recibir asistencia médica en el parto o los llamados ‘asesinatos por honor’ es feminicidio. Y sin resultado de muerte: la violencia de género, la sexual, la falta de educación de as menores, el tráfico de mujeres y niñas, el aborto o el infanticidio selectivo, el acoso laboral o callejero, etc. ¿Y en España? Aquí tenemos un particular sistema de separación de crímenes contra la mujer: si la víctima tiene o tenía una relación sentimental con su agresor es violencia de género, si no desaparece en las estadísticas.

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Economía feminista, alternativa para todxs

Tu voz cuenta economía feministaIr a una conferencia sobre economía da un poco de miedo. Mercados, balance, cifras, macro, micro. Pero la cosa cambia cuando se sustituye la ley de la oferta y la demanda por las necesidades materiales, inmateriales y realización de todas las personas. En esto constituye la Economía Feminista que hoy presentaron en Madrid la economista Astrid Agenjo, Raquel  Coello, de la Plataforma Impacto de Género Ya y Marta Godínez, activista guatemalteca de la Red de Mesoamericanas en Resistencia por una vida digna. Arropadas bajo el ciclo ‘Tu voz cuenta‘, estas mujeres han puesto en sus bocas las reivindicaciones y sobretodo las propuestas que desde hace años se hacen.

La crisis no se convierte nada más que en un ejemplo de cómo este sistema de acumulación y riqueza sólo para unos está acabado. Y el sistema, como recuerda Marta, parte de cada una de nosotras: “Hay que sospechar, emplear el sospechómetro por nuestros día a día. Evaluar qué consumimos, tanto en alimentos, ropa como en ocio o cultura. De poco sirve comer zanahorias sin pesticida si luego nos intoxicamos con novelas en las que damas se pelean por caballeros”.

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Proyectos de justicia social que no se podrán repetir

Muchos insinúan que los recortes a cooperación va a hacer que las ONGD ‘espabilen’ y no sean tan dependientes de los fondos públicos. Otros aseguran que España está bastante mal como para mejorar las realidades de nadie. Otros se excusan en que la Ayuda para el Desarrollo es imagen exterior y debería canalizarse toda a través del Ministerio para así prescindir de la cooperación autonómica o local. Errores.

El dinero de los Presupuestos Generales del Estado es de todos, al igual que el que se da a la Iglesia o a la Casa Real; no es lismona, es una deuda que tenemos con países más vulnerables por culpa de la Historia; las conexiones que se hacen a través de la ayuda exterior y la sensibilidad es diferente según comunidades y eso no debe perderse.

Así, con la percha de lo que los PGE repercutirán sobre la cooperación de la comunidad gallega, cuento un proyecto que practicamente nadie conoce, que implica la mejora de la vida de más de 20.000 personas y que difícilmente se volverá a repetir: Oxlajuj Tz’ikin en Guatemala.

Reportaje en Praza Pública

Cuando la violación y el maltrato es la norma

Estudiar las cifras de feminicios en Iberoamérica es mucho más que una patada en el estómago. Son cifras de tres y cuatro ceros, imposibles de cuantificar. 80.000 denuncias en el conflicto colombiano, 700 mujeres asesinadas en Honduras en sólo un año, 250.000 ingresos en hospitales brasileños por intentar abortar de forma clandestina. Y esas son sólo las oficiales. Las denuncias de mujeres que se sobreponen a lo vivido, sacan fuerzas de donde no las hay y se enfrentan a la reprobación de su entorno.

En España muchos casos de malos tratos no salen nunca de las sombras de las casa: por miedo a represalias, a que nadie las crea, al eterna promesa del ‘cambiará’, al no entender la situación como un problema, al ‘ha sido culpa mía’. Sin duda, es un reto para todas y todos que estas barreras desaparezcan y que los maltratadores sean repudiados en cualquier contexto de la sociedad. Pero una vez sobrepuesta a esos miedos, la mujer latinoamericana se encuentra con que no hay una legislación que la reconozca como víctima en sí, con que la corrupción de la policía hace inútil su denuncia, con que no tiene una casa de acogida a la que ir con sus escasas pertenencias e hijos, con que el maltratador le ha jurado matarla.

Pero ese no es el mayor problema, aunque cueste creerlo. Porque todas esas fases han pasado después del hecho más necesario: la mujer se ha negado a seguir siendo maltratada y le ha puesto nombre a esa situación. En Bolivia, en Guatemala, en Perú, las asociaciones de mujeres tienen como principal cometido educar en los valores de una relación. Explican a las mujeres que no es normal que les peguen, que las agredan sexualmente, que las controlen, que sus parejas tengan celos, que las insulten. Por que muchas de ellas han visto eso desde pequeñas en casa y en muchas ocasiones han sido víctimas de estos abusos por parte de sus padre, hermanos o tíos. Es educar para la superviviencia, es educar para la igualdad.

Radiografía de la violencia contra las mujeres en Latinoamérica, reportaje para Praza Pública.