Cacique malo, cacique ¿bueno?

Llevo cinco años viviendo en Galicia y me sigo sorprendiendo de ciertas cosas. Vengo de una comunidad que conoce y mucho la corrupción, el enchufismo y los favores de poder. Sólo hace falta seguir la lista de familiares de Esperanza Aguirre que se han aprovechado y se aprovechan de su cargo público. Pero lo de Galicia es increíble. Cuando ocurrió el desastre del Prestige, toda España daba por hecho que el reinado Fraga iba a llegar a su fin por la mala gestión del PP en la deriva del barco. Pero llegaron las elecciones y esto no ocurrió. No sólo hay un por qué de esta realidad, y no sólo hay un escenario que explique este resultado.

FOT: César GorrizFue pasando el tiempo, el bipartito, el resurgimiento de Feijóo, la inmunidad al movimiento 15M, las casi inexistentes elecciones europeas y, lo más interesante, las municipales. Ese es el verdadero termómetro del pueblo gallego. Pueblos en los que los alcaldes llevan más tiempo que la Democracia en sus cargos, que fueron puestos por un gobernador franquista, que retan al PP presentándose por su propio partido y sacan mayorías absolutas. Uno ejemplo y mil más que definen y dibujan el panorama del Caciquismo con mayúsculas en Galicia en el siglo XXI.

Mi reportaje para el diario Gara en este enlace. Las fotografías son del fotógrafo gallego afincado en Barcelona César Górriz. Más fotografías suyas sobre la Galicia rural en Groundpress

Otras elecciones sin contar

Mañana son las elecciones al Parlamento gallego y al vasco. Las segundas elecciones que pasan sin que pueda contarlas desde un medio de comunicación, ejerciendo mi profesión, trabajando en lo que estoy formada. Justo el jueves, 18 de octubre, hizo un año de mi despido en Xornal de Galicia y aunque este blog no pretende ni un poco ser un diario, tenía que comentarlo. Un año de muchos proyectos, muchas colaboraciones, muchas pruebas y ampliación de horizontes. Pero después de la elecciones generales de noviembre de 2011, llega el 21-O y miro con envidia los pocos amigos que todavía conservan su trabajo  y tendrán que quedarse hasta tarde el domingo para contar los resultados.

Y después llegarán las elecciones catalanas, y más compañeros tendrán la misma sensación que yo. Añorarán quejarse de las largas horas de espera, de los cambios de gráficos de última hora, de que todos los candidatos celebren algo. Porque cada votación, hay menos periodistas en los medios. Y menos medios, y menos delegaciones, y menos pluralidad. Según el Servicio de Empleo Público, en agosto eramos más de 10.000 los periodistas en el paro. A los que hay que sumar los casi 200 que están siendo despedidos en Unidad Editorial, el tercio de la plantilla de El País -entre ellos Enric González con una despedida digna de aplauso- y todos los colaboradores que sin derechos se quedan sin sustento en la calle.

Un panorama que no mejora, ya que cada vez somos más los que buscamos medios en los que trabajar, cada vez hay menos medios en los que trabajar y cada vez quedan menos voces que digan cosas diferentes. Curioso que los cuadernillos autonómicos de El País desaparezcan justo antes de tres convocatorias a las urnas, ¿no?

Y cuando pienso en esta nueva etapa como parada de larga duración -aunque me siento igual de desanimada que hace meses-, veo que el 30% de esos periodistas en paro también lo son. Que muchos sólo tienen dos opciones:hacerse freelance -con las siguientes dificultades que tiene al haber medios medios y menos encargos- o emigrar, como otras tantas profesiones. Pero también hay otra realidad, la que no se cuenta, pero desgraciadamente está ahí. La de la gente desesperada, que no ve ni alternativa ni salida posible. Esa que cuenta Carme Chaparro en su blog y que desgraciadamente ni los medios ni nuestros compañeros se harán eco.

Futuro negro. Muy negro.

¿Quién quema el monte y quién lo apaga?

La lluvia volvió y con ella acabaron los fuegos en Galicia. También se extinguió el foco informativo y a nadie parece interesarle el resultado de la investigación sobre los incendios. Unos incendios que calcinaron hectáreas cerca de 24.000 hectareas , con 2.000 inicios y que en un 90% de posibilidades fueron provocados, según la Xunta de Galicia.

Vimos llorar a los vecinos con las llamas cercando sus casas, con caras de rabia al iniciarse focos a pocos metros de donde acababan de sofocar otro, mordiendose la lengua al saber que los que estaban haciendo eso estaban muy próximos a ellos. En Galicia siempre hubo motivos económicos para la quema del bosque: recalificacion del terreno, revalorización de la madera, la utilidad del suelo… Pero este año se apunta a un hecho más simple y con cifras de beneficios mucho más pequeñas: tener un contrato.

La irresponsabilidad de la Xunta en terminar la campaña contraincendios medio mes antes de lo normal para ahorrarse media nómina cuando MeteoGalicia anunciaba temperaturas de verano en octubre, es manifiesta. Pero, ¿quemar el monte que amas para obtener más días de trabajo? ¿Poner en riesgo a tus vecinos para volver a trabajar de retén 15 días? ¿Y cómo estos no denuncian al pirómano, por muy conocido que sea?

Está claro que el asunto no es tán sencillo, pero no puedo alejar de mi cabeza una canción de Def Con Dos -grupo fundado entre Madrid y Vigo- que en un momento se pregunta “¿Quién quema el monte y quién lo apaga?”.