Defender a la mujer multándola

Son muchas veces las que tengo que explicar que feminismo no es hembrismo ni lo contrario al machismo. Lo mismo ocurre con el sexismo, que si se denuncia en un artículo que describe la desigualdad de trato entre un hombre y una mujer no tardas en leer un comentario que acusa a este artículo de sexista a su vez. Y entre tanta discusión aparece el machismo ‘bien intencionado’ que lejos de querer deshacerse de sus ventajas por ser hombre, solo quiere cambiar un poquito las cosas ‘defendiéndonos’ a las mujeres. Paternalismo, claro.

mi curpo es mio decido yoEs en lo primero que pensé al leer la justificación del Gobierno francés al aprobar la ley que prohíbe a cualquier ciudadano ir con el rostro cubierto en los espacios públicos. Algo bien aceptado al pensar en encapuchados, pero que dejaba fuera de la ley prendas religiosas como el velo integral, el niqab o el burka. Esto hizo que se levantara por un lado la bandera de la libertad personal y religiosa; y por otro lado, se usara la lucha contra el machismo para justificar esta ley. Sí, de nuevo, paternalismo. El Estado sabe más sobre lo que le conviene a esa mujer que ella misma. Y parece que en Europa ese paternalismo gusta.

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Aquí no sobra nadie

Los inmigrantes siempre estuvieron en el punto de mira de la derecha. Siempre. Pero con la crisis han encontrado la excusa que querían, el vivero de miedo al prójimo que buscaban y una forma de achacar a este colectivo los males de todos. Así que ya se pusieron en marcha: menos ayudas, menos facilidades, reforma de la Ley de Extranjería, manteniendo el limbo de los CIE’s y, lo peor, negándoles la atención sanitaria primaria. Una auténtica espiral de violencia institucional que nada tiene que ver con los principales culpables del crack económico.

Mientras tanto, del otro lado de los Pirineos anuncian que este año la expulsión de inmigrantes se va a incrementar un 20% respecto a 2011. El ministro de Interior del aún Gobierno de Sarkozy hace un guiño a la ultraderecha en ascenso asegurando que serán 40.000 inmigrantes, la mayoría de origen rumano o búlgaro, los que se verán afectados. Mientras, el candidato favorito a las presidenciales, el socialista Hollande, asegura que “hay demasiados inmigrantes en situación irregular” pero insistió en que “no hay demasiados” con los papeles en regla. Algo que no concreta su posición, ya que remata la respuesta afirmando que “no podemos aceptar” que se instalen en Francia inmigrantes “sin tener las condiciones legales”.

Un esfuerzo para encontrar un cabeza de turco que poco tienen que ver con la realidad. Por primera vez en muchos años, el saldo entre inmigración y emigración ha salido negativo. Salen más que entran y los inmigrantes volvemos a ser nosotros. Los extranjeros regresan a sus países, que ahora tienen más posibilidades de mejorar y registran crecimiento. Y los españoles formados también se van para encontrar alternativas que no tienen en España. La pirámide poblacional se vuelve más invertida sin los hijos de las inmigrantes y la población joven española retrasa tener hijos por la inestabilidad o decide tenerlos fuera.

Entonces, ¿quién quita el trabajo a quien? ¿Quién necesita de quién? ¿Todavía algún lumbreras cree que alguien sobra?

Las dudosas intenciones humanitarias de Francia con los armenios

El miércoles pasado decidí aprovechar la tarde viendo algún de esos clásicos que tengo por casa a la espera de tener tiempo. De la colección de Elia Kazan me quedan muchos títulos que ver (y que volver a descubrir), pero por casualidad elegí ‘América, América‘. Para los que no conozcáis esta película, se trata de una retrospectiva de sus propios orígenes. Stavros, el tío del director, es un joven que sueña con la nueva vida que le ofrecerá Estados Unidos. Una historia relativamente común de la inmigración pero con un trasfondo histórico olvidado e ignorado por los europeos: Stravros quiere abandonar su Turquía natal para dejar atrás la represión de los musulmanes contra los armenios y la posición de ciudadano de segunda de su pueblo, el griego, en esa sociedad.

La casualidad hace que un día después de ver la película, Francia apruebe una ley que condena con multas y prisión a todo aquel que niegue el genocidio armenio de principios del siglo XX. Unos hechos que dejaron -según el muy conservador Gobierno Británico- más de 50.000 muertos, pero que se calculan que fueron muchas más las víctimas, más de un millón, las que murieron a causa de los ataques del Ejército otomano, asesinados por las milicias kurdas, por el exilio en medio de Anatolia, el hambre, las enfermedades y, sobretodo, el silencio de la comunidad internacional. Sólo el Ejercito Rojo intervino en el asedio a la ciudad armenia de Van, pero sus motivos ‘solidarios’ son más que discutibles.

A pesar de que tres altos mandos del Ejército fueron sentenciados por lo ocurrido, el Estado turco nunca reconoció el genocidio y aún hoy en día hablan de ‘lamentables excesos’. Aunque la República Armenia tiene una población de más de tres millones de habitantes, todavía viven más de 30.000 armenios en territorio turco y son muchos los que siguen en el exilio. En concreto más de 600.000 viven en Francia, lo que hace dudar de que la nueva ley gala tenga intenciones únicamente humanitarias y en favor de los derechos humanos. Por si alguien se despista, en primavera del próximo año hay elecciones presidenciales en Francia y nunca está demás hacer un guiño a una minoría tan importante. Erdogán, por su parte, recuerda la propia historia sangrienta de la patria francesa en Argelia.