Una vuelta al cole diferente

Este año a diferencia de los otros, los telediarios no nos incordian con reportajes absurdos de niños llorando a las puertas de los centros porque no quieren despegarse de sus papás, ni reencuentros de amiguitos en los recreos. Por suerte o por desgracia, las páginas de sociedad se han dado cuenta de la realidad y denuncian los recortes en el profesorado, la subida de tasas, la eliminación de becas, el empobrecimiento del sistema público y la subida del IVA en el material escolar. Incluso denuncian algo tan peligroso como jugar con la dieta alimenticia de los escolares.

Foto de familia en San Bartolo, Bajo Lempa

Considero que hay muchos medios (alternativos) que están informando muy bien de esta realidad y de luchando contra esta injusticia, por lo que me gustaría centrarme en otra vuelta al cole. La que viven muchos muchachos y muchachas que alguna vez tuvieron que abandonar el pupitre y que después de unos años, reúnen fuerzas para volver. Una situación que me encontré en prácticamente todos los colegios que recorrí este verano dentro del proyecto de AgaresoAsí suena el Lempa‘.

Fue el caso de Mirtala, una muchacha de 18 años que comparte pupitre con otros de 13 o 14 años. Una situación difícil para cualquier niño que por el simple hecho de perder un año al repetir pueden sentirse fuera de lugar. Pues en el caso de Mirtala, nada más lejos de la realidad. Está contenta de haber tenido una segunda oportunidad. De no tener que dejar de lado los libros por el cultivo de caña de azúcar, actividad de la que depende su familia para sobrevivir. Una oportunidad que no todos los escolares en el mundo tienen y que el Gobierno salvadoreño prioriza.

Aprovecho para presentaros a una ONG que trabaja justo al otro lado del globo, en India, procurando una educación de calidad a niños que el ejecutivo corrupto dio de lado. Se trata de Semilla para el Cambio, una organización que trabaja entre los slums de Varanasi para garantizar un futuro a más de cien niños y a sus madres, ya que también tiene programas para ellas. Os animo a echar un vistazo a su web.

Comunicación para el Desarrollo, en El Salvador

Muchos pensarán que he dejado de lado este blog. Nada más lejos de la realidad. Llevo tres semanas cargando pilas, investigando y llenándo la cabeza de experiencias que espero poder trasladar a estas ‘páginas’ en las próximas semanas y meses. Llevo tres meses el El Salvador, de voluntaria con la ONG Agareso sobre cómo la comunicación puede ayudar a cambiar el mundo.

Programa en Isla Montecristo

En concreto se trata de concienciación medioambiental a través de programas de radio. Una periodista, Carmen Novas, un fotógrafo, Emerson Díaz, y yo viajamos a la región del Bajo Lempa para conocer de primera mano cómo viven sus comunidades y que fueran los propios niños y niñas quienes nos contaran sus problemas. En lugar de darles una clase magistral sobre cómo cuidar el medioambiente, decidimos que ellos mismos investigaran (con ayuda del profesorado) de cuáles son las causas de las inundaciones que sufren prácticamente cada año, qué hacer con los residuos en zonas en las que no hay recogida de basuras o porqué son tan dañinas las formas de cultivar que actualmente se dan con la caña de azúcar. Y con todo eso, hacer un programa de radio.

Después también quisimos conocer una práctica que America Latina le lleva años a España: el uso de las radios comunitarias. Para ello tuvimos la suerte de convivir con Radio Tehuacán, una emisora que hacen posible voluntarios y la ayuda de la alcaldía. Una colaboración que podría aumentar este próximo año.

Por hoy no os cuento más. Os invito a descubrir parte de lo trabajao en el blog del proyecto: http://agaresobajolempa.blogspot.com/

Una vez que vuelva, prometo desgranar todo lo aprendido. Gracias por estar ahí

Esenciales para la vida

Datos que podrían ser titulares: 350 medicamentos curan el 90% de las enfermedades. 2.000 millones de personas no tienen acceso a esos medicamentos llamados esenciales. 15 millones mueren por no tenerlos. De ellos, la gran mayoría son niños menores de cinco años. Mueren de diarreas por no tener sueros y de infecciones por no tener antibióticos. Detrás de esa falta de acceso están las patentes, el precios, la falta de distribución, de conservación, de diagnóstico, de educación para su uso correcto, pertenecer a un minoría, no disponer de formulaciones pediátricas, ser mujer, tener una enfermedad ‘olvidada’, los medicamentos falsos y un largo etcétera.

Esta es la denuncia de Farmamundi, una ONG con 34 proyectos en activo y presente en una docena de países, que ve como su actividad peligra por los recientes recortes en cooperación del Gobierno de Rajoy. Una actividad humanitaria cada día más necesaria y que necesita la ayuda de los medios de comunicación y de nosotros, los periodistas. No sólo para concienciar de las necesidades e injusticias, sino para visibilizar los proyectos que consiguen pequeños milagros, modestos éxitos.

 Para que esta alianza resulte lo mejor posible es fundamental conocernos. Que ellos sepan nuestras rutinas de trabajo y nuestras miserias. Y nosotros entendamos sus objetivos, su lenguajes técnico y el trabajo que hay detrás de cada campaña. Como la de Esenciales para la vida, de Farmamundi. Un resumen de las condiciones de acceso a medicamento y sus causas que han incorporado en una guía para periodistas, que presentamos hoy en toda España. Digo presentamos porque he tenido la suerte de que contaran con Agareso y conmigo para su presentación en Galicia.

En esta guía, de lectura y de consulta, resuelven dudas sobre la terminología, sobre siglas de organismos internacionales, dan cifras muy concretas y ayudan a planificar días internacionales. Además da la posibilidad a los periodistas de iniciarse en un término algo desconocido aún en esta profesión: la Comunicación para el Desarrollo. Una especialización que no tiene otro objetivo que el de apoyar las iniciativas de cambio social, garantizar que se oígan voces y discursos alternativos y hacer ver que otro mundo es posible. Sobre este punto saben más mis compañeros de Agareso, que imparten todos los años un Seminario sobre Periodismo Social y Cooperación Internacional.

¿Has estado alguna vez en la cárcel?

“¿Habías estado alguna vez dentro de una cárcel?”. Eso es lo primero que me disparan los alumnos del taller de radio del Centro Penitenciario de A Lama nada más asomar por el marco de la puerta. Mi cara de sorpresa da paso a un parco ‘no’. “¿Y cómo te la esperaba?”, dispara otro de los internos desde su mesa de clase. Aquí es cuando viene la repuesta más torpe que he oído (que me he oído) nunca: “No tan luminosa”.

Pasados los primeros momentos de pánico al ser el centro de atención, empiezo a meterme en situación: estoy en una clase con una veintena de presos que van a realizar su primer examen sobre radio que hace Agareso. Tres de sus miembros se reparten entre el taller, la revista y el estudio de grabación para convertir a personas que poco tienen que ver con el mundo de la comunicación en periodistas. Ilusión y ganas no les faltan.

Ante el micrófono y ante la mancheta se olvidan de las horas que les quedan dentro del centro, del pasado que han dejado fuera y se centran en aprender. No solo ha hacer un debate radiofónico o una entrevista, sino aprenden algo mucho más importante: a trabajar en equipo y a escuchar a los demás. Eso se nota en el ambiente de trabajo, en el que todos son iguales y no se tiene en cuenta el módulo del que provenga cada uno.

Ahora que estoy fuera, podría contestar mucho mejor a la pregunta de qué me esperaba que fuera una cárcel. Lo tengo muy claro: cualquier centro penitenciario debe ser un centro de reinserción. Por eso hay que agredecer a organizaciones como Cruz Roja, Proyecto Hombre o Agareso su labor al otro lado de los muros. Un trabajo que casi nunca se ve.

Con el objetivo de visibilizar esta labor, realicé un reportaje que podéis ver en la web de Praza Pública: “A reinserción a través das ondas