El transporte público, fuera de carril para el PP

Ayer, la Plataforma pola Mobilidade de A Coruña llevó a cabo una acción muy sencilla pero muy efectiva. Miembros de las diferentes asociaciones vecinales, ciclistas y ecologistas que forman la plataforma se subieron a los buses más concurridos de la ciudad la hora punta de la tarde. Con chalecos reflectantes, fueron repartiendo trípticos en los que se explica la diferencia entre optar por el vehículo privado o el transporte público par moverse. Contaminación acústica, atmosférica, atáscos, problemas de aparcamientos, etc.

Video de la acción: http://vimeo.com/m/36954092

Hace unos meses, no es que ciudad fuera rival de Vitoria como Capital Verde de Europa pero sí que era un lugar en el que los buses urbanos tenían preferencia, cumplían sus horarios y los usuarios podían usarlos sin miedo a llegar tarde al trabajo. Pero en diciembre, el nuevo alcalde, el popular Carlos Negreira, decidió arrancar sin plan alternativo las aletas que separaban el carril bus de los carrilles para vehiculos, sustituyendo estos por aparcamientos. Despúes, se sacó de la manga que esas plazas serían parking express y se inventó unas líneas naranjas en el suelo que pese a contrariar todas las reglas de circulación de España venían acompañadas de una ambiciosa (y cara) campaña publicitaria.

Algunos comerciales de las calles por las que pasan la mayoría de los buses habían pedido la desmantelación de esta herramienta impulsada por el anterior regidor (el socialista Antón Losada) porque creían que así la gente se acercaría a comprar más. Ahora, una vez impuesto el plan sin plan, se dan cuenta de que la gente no usa el parkin express para hacer sus comprar e irse, sino que esas plazas son usadas por los propios comerciantes y sus empleados para aparcar. Y su calle se llena de cláxon, atacos, coches aparcando y paralizando calles, dobles filas y paradas de autobuses llenas de gente que llegan tarde.

La Plataforma pola Mobilidade no sólo pide que se restaure el carril bus. Esta era una primera parte de lo que debería venir después: reestructura de los recorridos de los buses para cubrir las zonas de la cuidad mal comunicadas, un plano coordinado de trenes, autobuses y transporte marítimo, fomento del uso de la bicicleta, más zonas de prioridad para los peatones, transporte público en horario nocturno, revisión de las tarifas (con precios proporcionales mayores que los de Madrid), etc.

Son propuestas que muchos pueden alegar que cuesta dinero, pero arrancar el carril bus, cambiar la señalización de todas las calles, poner cámaras de seguridad para vigilar el parking express y el convenio con las empresas de la ORA sí que sale por un pico. La inversión del otro sistema ya estaba hecha.

Una tijera muy peligrosa

El próximo día 10, miles de mujeres y hombres saldrán a la calle en una Marea Violeta para protestar contra los recortes que el anterior Gobierno y el actual han infringido a las políticas de Igualdad. Unas medidas que afectará en el plano laboral, en la igualdad salarial, en la conciliación familiar, en el techo de cristal de las directivas, en la educación, en la reproducción, en la sanidad… Pero el aspecto más dramático y en el que más rápido se está notando la falta de medidas, es en el de la violencia machista.

No hay una regla matemática por la que se pueda saber cuántos casos se han evitado gracias a las órdenes de alejamiento, cuántas agresiones se ha evitado que acaben en muerte gracias a las pulseras de geolocalización o cuántas mujeres han podido salir del infierno de la dependencia hacia el agresor por las casas de acogida. Pero está claro que si las víctimas no saben que cuentan con estos recursos van a quedar en el anonimato.

En el reportaje para Praza Pública O perigo de ser invisible na violencia machista desmenuzo los primeros avisos a la sociedad de que algo está llendo mal: desde la cifra récord de víctimas mortales en Cataluña hasta el descenso de denuncias en Galicia. Ese es el eje de la cuestión, que sin esos grito de peligro nadie sabrá lo que está pasando de puertas para dentro. por eso es vital que haya centros de acogida, oficinas de información, teléfonos de ayuda (016), asesores legales y una red de asociaciones y apoyos que facilite la erradicación de esta lacra.

Unas herramientas que están en peligro y que nos va la vida en ello que no retrocedamos lo conseguido.

Quemar nuestras vergüenzas

Hace mucho que tenía ganas de escribir una entrada sobre algo que recibe tan poco atención, en lo que no paramos nunca y que supone de forma silenciosa un gran problema. me refiero a los residuos. Si no había escrito antes es porque necesito conocer de lo que hablo y que me indigne o me importe. Por eso me pongo a escribir ahora sobre la Sogama del Sur, después de llegar a casa de la manifestación que vecinos y asociaciones han celebrado en Carballiño esta mañana para rechazar la incineradora y el vertedero que la Xunta pretende abrir en O Irixo.

Un proyecto que atenta contra el medioambiente, la sanidad, la agricultura, el turismo rural y contra la posibilidad de apostar por el reciclado. Una incineradora vinculada a un concurso eólico, que prometieron que se adjudicaría con el consenso municipal y que actualmente cuenta hasta con la oposición de los alcaldes del Partido Popular de la comarca. Un vertedero que repitirá el modelo fracasado de Cerceda, dónde la gestión de los residuos es claramente ineficiente y la mayor parte de la basura acaba siendo enterrada sin tratamiento ninguno.

Por este motivo los vecinos de O Irixo y toda su zona de influencia temen que esta basura genere dioxinas tóxicas que se filtren a los ríos, a las tierras de cultivo, se propaguen por el aire y acabe convirtiendo Deza en un paraje desértico y venenoso durante décadas. La Xunta alega que se construirán decenas de puestos de trabajo con Sogama 2 y la ampliación del centro del norte, pero la Plataforma Incineradora no Irixo Non aseguran que destruirán miles de puestos de trabajo directos e inderectos en la región.

Lo que está claro es que por una cosa u otra los gobiernos no apuestan por la recogida puerta por puerta que sí está siendo usada con éxito en lugares como Usúrbil (Euskadi), Esporles (Mallorca) o en Ruidecanyes (Cataluña), dónde se reutiliza y recicla el virio, el cartón, los envases, los restos orgánicos y otros residuos con la práctica erradicación de la incineración.

Una visión de futuro adoptada por la mayor parte de los paises europeos y no por Galicia. Desgraciadamente.

Un aviso a los jueces incómodos

Todo sabemos lo peligroso que es investigar a ciertas personas en Colombia, ya que cada año son decenas los juristas, abogados y periodistas que mueren asesinados o se ven obligados a exiliarse si quieren salvar su vida. Otros casos de corrupción, dónde los jueces son simple moneda de cambio, agentes en venta, salpica numerosos países que sólo de vez en cuando aparecen en nuestros medios. Pero mirando más de cerca resulta que esta realidad no está tan alejada de la nuestra.

En Rusia, los magistrados están en el punto de mira de organizaciones mafiosas y del propio Estado, que controla cualquier caso contra opositores. En Hungría uno de los puntos que tiene que cambiar el Gobierno si quiere tener a la UE contenta es el relacionado con la titularidad del Tribunal Supremo, dispuesto para que el Ejecutivo se deshaga de los jueces incómodos. Y en España, ¿Justicia independiente e imparcial?

Desde luego, no. El sistema español lleva semanas en el punto de mira de las organizaciones internacionales que velan por los Derechos Humanos, de los medios de comunicación de medio mundo y de esa visión de las dos Españas, que cada ve se demuestra más que la herida nunca se cerró. Una herida que sólo puede cicatrizar si se hace justicia con las víctimas, se lucha contra la impunidad y se recuerda para que nunca vuelva a pasar.

Eso y nada más que eso reclaman las asociaciones de la Memoria Histórica, los familiares de los exiliados, de los desaparecidos, de los repudiados, de los niños robados, de los que desde fuera sufrieron también una dictadura y de los que sufren el mal del olvido. Y eso es lo que estaba haciendo el juez Garzón cuando instruyó la causa por la que ahora se le juzga. Un pulso con la impunidad del asesinato y la corrupción que desde aquí denuncio junto a Amnistía Internacional o otras tantas personas que queremos creer en la justicia. Porque no se defiende a un magistrado con afán de ser estrella –y otros tantos incompetentes-, sino la posibilidad de que este juicio sea un escarmiento y un aviso a todos esos magistrados que algún día podrían llegar a ser incómodos.

Un ejemplo sacado de un naufragio

El domingo por la mañana leí el artículo sobre el naufragio del crucero Costa Concordia en El País. Hasta entonces sólo me había planteado cómo puede un barco chocar contra unas rocas en el Mediterráneo y, sobretodo, cómo puede ser tan deficiente la evacuación para acabar con víctimas mortales. Pero entonces el texto de Pablo Ordaz me abrió los ojos a una realidad muy particular de la tragedia: la situación de la familia Tomás. Ellos eran los únicos de los 178 españoles que viajaban en el crucero que habían denunciado la desaparición de uno de sus miembros en el naufragio.

Se trataba del tío Guillermo. Una persona de 68 años con una discapacidad psíquica. Era tan dependiente como los cuatro niños que viajaban en el grupo familiar. Eso no era excusa para dejarlo aparcado en una residencia en vacaciones e iba con ellos a todos los viajes. Desgraciadamente, su desaparición no fue porque el tío Guillermo se desorientara y no supiera decir, una vez rescatado, quién era. Su sobrino respondía a Rne que estaban seguros de que uno de los cuerpos encontrados sin vida era el suyo, porque llevaba una placa identificativa.

A pesar del fatal desenlace, los Tomás pueden estar más que orgullosos de sus decisiones. No conozco el día día de la familia, pero estoy segura que el tío Guillermo vivió como uno más, disfrutó de todo su cariño y nunca se sintió una carga. Un sentimiento que sí que comparten muchos de los discapacitados y ancianos que actualmente están en residencias o viven solos sin la visita de ningún hijo o nieto.

Y hay otros que tienen peor suerte incluso. El Centro Reina Sofía desvelaba hace poco los datos del maltrato sobre ancianos: 60.000 cada año. Y esto son solo los reconocidos, ya que el ámbito de los abusos no se produce sólo en residencias ilegales o centros de día sin licencia, si no en el entorno familia. Hijos, nietos, sobrinos que maltratan psicológicamente, físicamente, que se aprovechan económicamente de los ya indefensos y que muchas veces acaba en su muerte sin que nadie lo investigue. La violencia más ignorada – como alerta Carmen Magallón en las páginas de Público– que aunque sólo fuera por egoísmo, ya que todos seremos ancianos alguna vez, deberíamos denunciar y hacerla desaparecer.