Cerrado por huelga general

Por mi, por ti, por los que vendrán, por los que se fueron. Por mantener los derechos que nos quedan, por recuperar los que nos han quitado, por mantener la dignidad, por hermanamiento con otros trabajadores de Europa. Por la reforma laboral, por los recorte en Educación, en las prestaciones por desempleo, en Cooperación, en Sanidad, en Justicia, por rescatar bancos en lugar de personas, por los desahucios, por la amnistía fiscal, por el repago, por los derechos reproductivos de las mujeres, por la subida del IVA a la cultura, a los productos veterinarios, por los derechos de los inmigrantes, por el bloqueo a la reforma del sistema electoral…

Y así podría estar toda la noche, pero se acerca la hora y yo lo tengo claro:

Mapa de manifestaciones en Galicia: http://goo.gl/m5o4q

El Salvador II: El país de las cruces

No es una imagen de cementerio, ni de los cruceiros. Es un mero goteo que te recuerda el problema de violencia callejera que tiene Centroamérica. Se puede caminar por carreteras y calles y encontrar cruces a su paso. Cruces que recuerdan a las que hay en España, cuando alguien muere en una curva y su familia lo recuerda de esa manera. En el mismo sitio donde murió. Lo mismo ocurre en El salvador, sólo que no son accidentes lo que conducen a esas cruces. Son las pandillas, las maras. El tráfico de droga, la violencia organizada, la vida de la calle. Los accidentes humanos que dicen allí.

Cruz en el camino, El salvador. Foto: Agareso

Las madres ponen flores alrededor de las cruces. Flores de plástico, naturales y otras ofrendas que recuerdan que detrás de una mala decisión en la vida está el dolor de los que se quedan en este mundo después de los disparos. Madres, padres, hermanas, incluso hijos, en los que no pensaron los que un día decidieron unirse a una de esas bandas, o maras, o pandillas, que les ofrecían formar parte de ‘una familia’.

Una familia con la que no se rompe nunca. Casi nunca, sólo hay dos excepciones: la gaina (una especie de permiso de matenidad que concede el grupo) y la muerte. Que nadie crea que la cárcel o el exilio son dos formas de dejar de formar parte de la mara, ya que vaya donde vaya el pandillero habrá otros que le castiguen por la ‘traición’ de dejarles.

A esta ausencia, la de la muerte o la cárcel, se une la inmigración. En la zona salvadoreña del Bajo Lempa no hay prácticamente jóvenes entre los 18 y los 30. ¿Dónde están? Igual que antes, sólo dos opciones: marcharse a San Salvador o a otro país. Esto daría para una análisis de consecuencias demográficas, económicas y sociales muy grande, pero aquí sólo daré un dato. Casi un tercio de los salvadoreños que hay en el mundo viven en EEUU.

Triple discriminación: mujer, inmigrante y empleada del hogar

Que las mujeres cobramos un 22% menos que los hombres por el mismo trabajo y con el mismo currículum es un hecho de sobra conocido. Que no se hace nada por evitarlo también. Que los inmigrantes tienen muchas más dificultades y trabas en la Administración, para lograr un trabajo digno e incluso para vivir como un ciudadanos más en determinadas localidades, también es un hecho conocido. Tampoco se hace nada por evitarlo. Pero hay una triple discriminación que una persona en los dos supuestos anteriores puede sufrir y que muchas veces ni ella misma reconoce.

Se trata del trabajo doméstico. Un sector que ni siquiera es reconocido como un trabajo en mayúsculas por la Administración. Pese al Nuevo Decreto 1620/2011, dónde se hace un esfuerzo por regular muchos puntos de la relación laboral entre empleador y empleada, sigue habiendo carencias que no sitúan a estas personas a la misma altura que cualquier trabajador. ¿Recordais aquellos básico de que ningún convenio debe establecer peores condiciones que el Estatuto de los Trabajadores? Pues en este empleo ni siquiera se reconoce eso. Hasta enero, no hacía falta un contrato escrito, no estaba garantizado el Salario Mínimo Interprofesional, ni las vacaciones retirbuídas, ni las pagas extras, ni los descansos de las epleadas interinas, ni las bajas, ni la cotización a la Seguridad Social. Este es uno de los puntos que mejor han quedado en la nueva legislación, pero es, a todas luces, insuficiente.

Una empleada doméstica en regla sigue sin derecho a la prestación por desempleo y, en caso de quiebra de los empeadores, no podrá recurrir al Fogasa. La cosa empeora ante el caso de que la trabajadora sea inmigrante. Para renovar el permiso de trabajo y residencia se le exige haber corizado ciertos meses (dependiendo del tiempo que lleve en el país) y estar contratada en el momento de la renovación. Aquí es dónde está la trampa: el contrato debe ser por 40 horas y sólo se admite uno. De sobra es conocido que en el empleo doméstico lo normal es trabajar por horas para varias casa, pero los señores de Extranjería no deben estar al tanto. Pero se pone la situación si la empleada pretender traer a su familia, ya que el mínimo de ingresos al mes que exigen para la reagrupación familiar sería difícil de conseguir hasta para un funcionario.

Y no hace falta que nos vayamos a extremos para ver que este trabajo está considerado inferior a otros. Mira el perfil de la mujer que limpia la escalera de tu comunidad, el trabajo que hacen las madres al volver del trabajo, lo invisible del trabajo de ciudadora. Sosteniendo la familia, sin reconocimiento alguno, sin autonomía económica. Sin duda, el desprestigio que arrojan sobre este trabajo no son casualidades históricas y culturales, sino una forma más de violencia machista.

Aprovecho para presentaros a la única asociación de empleadas del hogar que hay en Galicia, Xiara, y para animaros a participar en la que estamos construyendo en Coruña: empleadashogarcoruna@gmail.com

Ponte en su piel

Nadie elige ser refugiado. Nadie elige dejar a su familia, sus pertenencias y  saber que difícilmente podrá volver a su tierra. Nadie elige estar perseguido. Nadie es feliz estando obligado a salir de su país y razones para esto hay muchas. No sólo puede ser una guerra. Puedes ser refugiado por tu orientación sexual, tus ideas políticas, por ser albino, por ser indígena, por pertenecer a un minoría religiosa, por pertenecer a una étnia distinta a la que gobierna. Y puede ser por hambre.

La suerte que corren los más de 43 millones de refugiados en el mundo es tan distinta como el origen de su situación. Algunos logran reiniciar su vida, otros vagan de un país a otro hasta encontrar su lugar, otros no desisten y buscan desde el exilio acabar con la situación que les hizo huir de su tierra. Pero todos ellos no olvidan las consecuencias materiales y psicológicas de la salida. Ni las de la entrada. Llegar a un país que no sólo no conoce la realidad del tuyo, sino que parece no importarle, ya que en numerosas ocasiones deniegan el asilo casos donde queda patente la violención de los derechos humanos.

Dejo esta reflexión por hoy aquí, ya que prefiero que provecheis el tiempo en leer un reportaje de Estela Giraldo para RNE en el Día del Refugiado:

http://www.rtve.es/noticias/20120620/nadie-elige-ser-refugiado-tenemos-responsabilidad-protegerlos/538121.shtml

Y no olvides que mañana tu y yo podemos convertirnos en refugiados, así que ponte en su piel.

Refugiados, esas noticias que se enquistan

Qué difícil resulta oír hablar de hambrunas en los telediarios. Igual que los conflictos enquistados en África nunca salen en las portadas de los diarios. ¿Habeis escuchado hoy algo sobre los refugiados de cualquier parte del mundo en la radio? Yo no. Y no, no voy a entonar el discurso de los que los medios son malos, sólo responden a intereses y sólo buscan el espectáculo. Tampoco diré que eso sea mentira, pero si lo son es porque muchas veces las audiencias respaldan ese comportamiento. Nos rasgamos las vestiduras por lo que pasa en África, pero a duras penas reconocemos los distintos estados que componen el continente. África no es un país nos gritan desde los blogs internacionales de El País y parece que muchos no se enteran.

Resulta que tenemos y mucho que ver con lo que allí sigue pasando después de decadas de la descoloniación. Vemos claramente la culpa del Estado español en la situación de pueblos como el saharaui, pero ¿qué hay del resto? En Siria siguen matando como hormigas a todo aquel que se cruza con las milicias de Assad, sean rebeldes o no. En Sudán -que durante unos días saltó a la actualidad occidental más por las pocas noticias del momento que por el interés en sí-, sigue una tremenda lucha armada que los medios europeos destacaban alegremente bajo el titular de “Ha nacido un nuevo país”. Poco se oye de los piratas somalíes, pero siguen siendo miles los que mueren en el Cuerno de Africa huyendo de los radicales islamistas.

Lo mismo ocurría la pasada semana cuando en Mali se anunció la creación de un Estado islamista tras el derrocamiento del presidente y se amenazó con instaurar la Sharia. Los medios destacaban la importancia del hecho, no por los 160.000 desplazados a Níger o Burkina-Fasso por los combates, sino por la presencia de los cooperantes europeos secuestrados en el país. No es que no me preocupe la situación de estas personas -entre ellos Enric o Ainhoa que hacían una valiosa labor con los refugiados saharauis en Argelia-, sino porque la noticia se redujo a eso.

Entiendo la dificultad de hablar del hambre, la misería y nuestra pasividad, pero hoy toca. He hablado con otros cooperantes, los de Médicos Sin Fronteras, que sin recuersos y muchas veces arriesgando su vida siguen al lado de los que lo han perdido huyendo del conflicto o de los locales, que nunca tuvieron nada. Entrevista para Agareso:

http://www.agareso.org/es/entrevistas/item/950-%E2%80%9Ca-desnutrici%C3%B3n-no-sahel-deber%C3%ADa-considerarse-e-responderse-como-unha-cuesti%C3%B3n-de-sa%C3%BAde-p%C3%BAblica%E2%80%9D