Exhumación, restauración y justicia

Hoy exhuman los restos del poeta chileno Pablo Neruda. La razón es saber a ciencia cierta si murió enfermo o envenenado. Las sospechas son que la supuesta inyección de calmantes que recibió justo antes de morir fuese una sustancia mortal. Así lo aseguró en 2011 el que entonces fuera su chófer y todos asumieron que de ser así, los agentes de la dictadura de Pinochet. Sólo pasaron doce días desde el Golpe de Estado del dictador y la muerte del poeta. En esta exhumación participan peritos, médicos y forenses de Chile e internacionales, incluidos tres especialistas españoles que ya participaron en la investigación de la muerte de salvador Allende.

Pablo NerudaEsto ocurre justo un día después de una reunión que se celebró en Sevilla con las asociaciones de Memoria Histórica a la que pude asistir. Allí representantes de agrupaciones de Andalucía y Extremadura relataron sus triunfos y fracasos en la búsqueda de la verdad y la justicia. Unos siguen apostando por el modelo asociativo, otros explotan las vías judiciales a título individual. Unos explican que siguen sin saber que fue de sus familiares desaparecidos y otros cuentan que saben dónde están los cuerpos de sus padres, madres o hermanos. Todo sin apoyo institucional, e incluso con los obstáculos de la Administración.

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El Salvador III: La memoria de la UCA

Los salvadoreños quieren pensar que algunos asesinatos ayudaron a acabar con la guerra que durante doce años asoló el país. No es que celebran los crímenes, si no que algunos de ellos sirvieron para que la comunidad internacional se hiciera eco del conflicto y así evitar más sangre. Eso es lo que sostienen desde la Universidad Centroamericana, la UCA, que vivieron en carne propia los horrores de las armas y la bota impasible del Ejército opresor.

La ropa que llevaban los jesuitas cuando fueron asesinados, UCA, San Salvador

Seis jesuitas y dos mujeres que les atendían fueron brutalmente asesinados en su residencia en 1989. Cinco de ellos eran españoles. Eso, y el asesinato meses antes de dos monjas canadienses a manos de un grupo de derechista, hizo que la comunidad internacional forzase la mesa de negociación que en 1992 llevó a los acuerdos de paz.

Un hecho que recuerdan hasta los que todavía no habían nacido cuando estalló la guerra y que ahora estudian en la UCA. Siempre hay gente visitando los enseres de los religiosos, la placa que recuerda el lugar exacto en el que los mataron y siempre hay flores en los nichos que guardan sus restos mortales en la capilla del campus. Una visión que lama la atención a los que venimos de un país en el que ante la barbarie y la dictadura la Iglesia se posicionó justo enfrente del pueblo. Al contrario que ocurrió en El Salvador.

Entrada de nuestra visita al Museo de los Mártires en ‘Así suena el Lempa’

El Salvador I: De no tener casi nada a perderlo todo

Aunque con unas semanas de retraso, traigo al blog algunos apuntes que hice durante el proyecto de cooperación en el que colaboré en El Salvador este verano. Se trata de varios textos, por lo que he pasado a enumerar la serie. Espero que aporte unas pinceladas sobre un país que es muy desconocido en Europa y del que podemos aprender mucho.

Asamblea de trabajadores en Tecoluca

Que un niño de diez años te explique con toda normalidad cómo es evacuar su casa y perderlo todo ante una riada, es duro. Que otro cuente con alegría lo bien que se lo pasó en el albergue, es sorprendente. Así pasó a la llegada de Agareso a la escuela de Santa Marta, en el Bajo Lempa, El Salvador. Junto con la periodista Carmen Novas y el fotógrafo Emerson Díaz, tuve la suerte de arrancar este proyecto de la organización de reporteros gallegos junto con ACPP y la ONG salvadoreña Cordes. Allí impartimos talleres de radio en siete escuelas comunitarias, con sus siete programas elaborados por los propios alumnos. También los centros eran los que decidieron el tema del que se trataba y en el caso de Santa Marta no era gratuito.

La mayoría de los 20 niñas y niñas (diez de cada sexo) habían sufrido una evacuación en su vida y muchos de ellos habían perdido sus bienes en más de una ocasión. Esto después de visitar el Bajo Lempa no parece mucho. ‘Ranchitos’ hechos con placas de metal, madera y algún ladrillo. Vallas de alambre puestas de forma provisional y caminos sin asfaltar. Niños en los alrededores de las casas sin escolarizar y muchos animales sueltos. Perros, muchos perros. Y muchos de ellos con las costillas a la vista. Comentan que hay sequía y que no tienen para alimentarles.

Después de este panorama se ve más alentador el clima de solidaridad y responsabilidad que se respira en las diferentes organizaciones comunales que existen en la zona de La Pita. Una zona de El Salvador donde 20 años después de firmar los acuerdos de paz que daban por terminada la Guerra civil todavía quedan muchas cicatrices. Y muchas cosas aprendidas. Como que de forma conjunta se trabaja mejor, que la igualdad entre hombres y mujeres es fundamental para mejorar y que las cooperativas y las asambleas son la mejor forma de avanzar.

¡Vaya, resulta que al final los países ‘desarrollados’ tenemos más que aprender de los del Sur de lo que imaginamos!

A las Trece Rosas (y a la lucha contra la desmemoria)

Mi abuela todavía recuerda con claridad el sonido que hacían los camiones de la saca. No eran motores como otros cualquiera, era un ruido que hacía que a todos en la casa se les pusiera la carne de gallina. Las pisadas de las ruedas a veces venían acompañadas de lamentos, gritos y sollozos. Unos 15 o 20 minutos después, siempre lo mismo: disparos.

Mi abuela tenía diez años y vivía en La Elipa, un barrio de casa bajas situado entre la entonces cárcel de mujeres de Las Ventas y el cementerio de La Almudena. Por allí pasaba siempre el macabro cortejo y siempre volvía. Esta vez, más ligeros, ya sin llantos. De la misma manera pasaron los camiones que el día 5 de agosto de 1939 llevaban a las Trece Rosas y a sus 43 compañeros también condenados a la tapia donde serían fusilados.

En esa misma valla se celebra cada año un homenaje, que más que el aniversario se celebra la memoria. La lucha contra la desmemoria, que hace que no sólo en agosto haya flores frescas en la placa que las recuerda en el cementerio de La Almudena.

Link a la Fundación Trece Rosas

Un aviso a los jueces incómodos

Todo sabemos lo peligroso que es investigar a ciertas personas en Colombia, ya que cada año son decenas los juristas, abogados y periodistas que mueren asesinados o se ven obligados a exiliarse si quieren salvar su vida. Otros casos de corrupción, dónde los jueces son simple moneda de cambio, agentes en venta, salpica numerosos países que sólo de vez en cuando aparecen en nuestros medios. Pero mirando más de cerca resulta que esta realidad no está tan alejada de la nuestra.

En Rusia, los magistrados están en el punto de mira de organizaciones mafiosas y del propio Estado, que controla cualquier caso contra opositores. En Hungría uno de los puntos que tiene que cambiar el Gobierno si quiere tener a la UE contenta es el relacionado con la titularidad del Tribunal Supremo, dispuesto para que el Ejecutivo se deshaga de los jueces incómodos. Y en España, ¿Justicia independiente e imparcial?

Desde luego, no. El sistema español lleva semanas en el punto de mira de las organizaciones internacionales que velan por los Derechos Humanos, de los medios de comunicación de medio mundo y de esa visión de las dos Españas, que cada ve se demuestra más que la herida nunca se cerró. Una herida que sólo puede cicatrizar si se hace justicia con las víctimas, se lucha contra la impunidad y se recuerda para que nunca vuelva a pasar.

Eso y nada más que eso reclaman las asociaciones de la Memoria Histórica, los familiares de los exiliados, de los desaparecidos, de los repudiados, de los niños robados, de los que desde fuera sufrieron también una dictadura y de los que sufren el mal del olvido. Y eso es lo que estaba haciendo el juez Garzón cuando instruyó la causa por la que ahora se le juzga. Un pulso con la impunidad del asesinato y la corrupción que desde aquí denuncio junto a Amnistía Internacional o otras tantas personas que queremos creer en la justicia. Porque no se defiende a un magistrado con afán de ser estrella –y otros tantos incompetentes-, sino la posibilidad de que este juicio sea un escarmiento y un aviso a todos esos magistrados que algún día podrían llegar a ser incómodos.