Así no

No. Si este es el objetivo desde luego no es mi lucha. Si la igualdad para parte del movimiento feminista será repetir la violencia patriarcal impuesta a todas y todos, no es mi lucha. Si una meta es sustituir a los que ejercen la violencia contra los más débiles, es que no he entendido bien de qué va esto. Por lo que había apostado era por palabras como ‘empatía’, ‘sororidad’, ‘solidaridad’. Pero a la vista de estas imágenes, los valores de parte del movimiento feminista no son los mismos que los míos.

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La bandera violeta, con el símbolo del feminismo, ese que he usado y que me ha reresentado tantas veces, al lado de un animal asesinado para que unos pocos se diviertan. La imagen corresponde a las fiestas de Lekeitio (Bizcaia), donde la ‘diversión’ consiste en ir en una barca y lograr arrancarle la cabeza a un ganso. Tradicionalmente se ha hecho con el animal vivo, pero actualmente lo matan antes. Un espacio de violencia, sadismo y fuerza bruta que ha estado reservado a ciertos hombres. Este año, parece que quien reclama espacios libres de violencia machista para sí misma ha decidido ser quién la ejecuta.

Cada vez más confío en la intersección de los valores, y, por tanto de los movimientos. Me resulta muy difícil imaginarme un grupo de mujeres reclamando derechos como la igualdad entre género y quedándose impasible ante una agresión racista. Ni si quiera hace 50 años. Y ahora, surgen dudas que son sentencias cuando tenemos que hacer un ejercicio de cercanía con otras realidades que no conocemos. ¿Qué ha pasado para que haya quien apuesta por multar a las mujeres que lleven burka? ¿Qué ha pasado con palabras tan bonitas como ‘respeto’ y ‘empoderamiento?

No me imagino a las Guerrillas Girls no incluyendo a las minorías étnicas o a la comunidad LGTBi en su denuncia sobre el imperio blanco, heterosexual y masculino en el arte. Si se hubieran quedado en la visión simplista de hombres contra mujeres no habrían llegado a tener ni una tercera parte el impacto que tuvieron. Ellas se dieron cuenta que el sistema patriarcal oprimía a muchos más, y si se denuncia una discriminación, se denuncian todas. Y entonces, si somos conscientes de que el abuso contra los animales parte de ese mismo sistema ¿por qué no les incluimos como damnificados del mismo?

Ya lo decía Carol J. Adams en ‘Política sexual de la carne’. El patriarcado tiende a tratar como objetos a todo aquel que no tiene derechos, como un trozo de carne. Todo vale. Desde la imagen de unos pechos de mujer para vender una colonia, hasta una ‘pechuga’ de pollo como una comida ‘de campeones’. Nos quitan la identidad despedazándonos. Si no vemos el rostro de la mujer que ‘compramos’ como signo de masculinidad, no es un sujeto de derechos. Si no vemos de dónde viene la carne que consumimos, no es un sujeto de derechos. Si no conocemos la historia, las esperanzas y los deseos de la mujer a la que pagamos para usarla (y abusarla) en un burdel, no es un sujeto de derechos. Si no oímos los mugido de la vaca cuando la separan de su ternero ni las horas que pasa llorando mientras le quitan SU leche, no es un sujeto de derechos.

Además, el trato rudo, rígido y carente de empatía con los animales siempre ha sido aplaudido como un gesto ‘machote’. Ese tipo de masculinidad, tan rechazada cada día por más hombres, ¿es la que estamos intentando de rescatar en nombre de la igualdad? ¿En serio? Mientras muchos hombres se enfrentan a los estereotipos y roles de género que nos han impuesto a otros, quedándose con lo mejor, sumergiéndose en el mundo duro pero muy satisfactorio de los cuidados al otro; otras mujeres quieren involucionar para adoptar como propias esas dotes aborrecidas por todas siempre.

Mientras no tengamos claro que los valores no pueden tener bloques de hormigón al rededor, será muy difícil construir una sociedad mejor. Si no somos capaces de denunciar con una misma voz la discriminación contra los otros por cualquier razón (religión, color de piel, procedencia, género, edad, especie, etc), nuestro movimiento cojea. Sea cual sea.

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