Para conectar no hace falta ni palabras ni miradas

Publicado en Publicoscopia

Tamy
Tamy

Cuando Tamy llegó a APAMaG supuso un reto para todas y todos. Aunque hayan pasado centenares de perros y gatos por la protectora de Madrid-Guadalaja, Tamy es un caso muy especial. Llegó encogida, como queriendo desaparecer, con la mirada perdida, esquivando cualquier contacto con personas. Nueve kilos y unos tres años de miedo, desconfianza y sobre todo sufrimiento. Buscarle una casa de adopción conllevaba rehabilitarla como perra, que volviera a vivir y no solamente sobrevivir como hasta ahora lo había hecho. Para esta recuperación es vital saber lo que le ha provocado esta reacción, aunque como en la inmensa parte de los perros rescatados nunca se sabrá. Aunque como ella ha demostrado, muchas veces no es necesario hablar ni mirarse a los ojos para comprenderse.

La protectora tuvo la suerte de contar con Educan, donde ayudaron con los primeros pasos de la vuelta a la vida de Tamy. El descanso, la comida y el cariño resucitaron poco a poco a esta podenquita rubia de trufa rosada. En poco tiempo llegó la prueba de fuego: pasarla a una casa de acogida. Tuvo que ser una familia especial, con mucha paciencia, con experiencia en casos extremos de miedo, que siguiera las pautas. Y así fue. Cada vez que Tamy se dejaba peinar, cogía de la mano un chuche o no huía en la calle, era un triunfo. Nunca esos pequeños gestos significaron tanto para tanta gente que esperaba cualquier signo de mejoría de esta pequeña apamaguera.

Poco a poco el avance se estancó. Estrella, la casa de acogida, llegó a pensar que la recuperación de Tamy había llegado al máximo que la perra abandonada y maltratada iba a lograr. Hasta que se toparon con Javi y su compañera de piso. Él coincidía con las dos apamagueras en el parque cuando paseaba a la perra de su compañera de piso, Sheila. Javi se interesó en la podenca, que permanecía asustada e inmóvil cuando él intentaba tocarla. Impresionado por su historia y su estado le habló a Sheila de la perra, que no dudó en querer conocerla. Y no fue hasta que Tamy y Sheila coincidieron cuando el lado especial de ambas asomó.

IMG-20150429-WA0009Estrella llevó a su casa a Tamy y el flechazo fue inmediato: la perra se acercó, se dejó acariciar, abrazar. “Estaba tan rejada y confiada como nunca lo había visto. Tanto que parecía no querer volver a casa”, explica su casa de acogida, que volvió a repetir los encuentros con idéntico resultado. No se sabe si la ceguera de nacimiento de Sheila ha hecho que sea especialmente sensible, o que Tamy aprecia la forma de moverse y hablar de Sheila pero algo hay entre ellas. Y en APAMaG saben que hay alguien más ahí fuera con quien Tamy tendrá esa afinidad, su casa de adopción definitiva. ¿Serás tú esa persona tan especial?

 

Para acoger, adoptar o ayudar a APAMaG pincha aquí

Autor: lauralruiz

Periodista. Busco los matices que nunca aparecen en los medios convencionales y que, en la mayoría de los casos, son las verdaderas noticias.

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