‘House of Cards’ y Adolfo Suárez

Hay veces que la ficción ayuda a comprender la realidad. No digo que no haya cosas ‘peliculeras’ que no se dan en la realidad, pero cada vez más ambas dimensiones se asemejan. Es lo que ocurre al ver series como House of Cards‘. Partiendo de que se trata de una película sobre la política estadounidense -ya sabemos que lo que ocurre en el Capitolio no ocurre en ningún otro lugar-, las diferencias con los manejos, la ambición y los tratos de favor no deben ser muy diferentes de los que se dan en otras esferas de poder de otros países.

kevin-spacey-house-of-cards-poster1Dudo mucho que haya un personaje como al que interpreta Kevin Spacey en los pasillos del Congreso o el Senado español. Ni tan inteligente ni tan calculador. Otra cosa es lo despiadado que llega a ser. Su ambición por llegar a la presidencia es una carrera de fondo, donde amigos, familiares o maestros no son obstáculos para él. Las maniobras que lleva a cabo, en las que no duda en involucrar a quién pueda serle útil, son impresionantes y terribles a la vez. Difíciles de imaginar. ¿Os suena?

Llegado este momento, a veces me pregunto si esta serie no me tiene demasiado atrapada. Me lo pregunto cuando veo al hijo de Adolfo Suárez anunciando la ‘inminente’ muerte de su padre. Justo un día antes de la gran cita de las mareas, las Marchas por la Dignidad del 22M. Él, un hombre con ambiciones políticas que no tuvo esa herencia genética. Igual es coincidencia, claro que sí, pero no puedo no pensar en todos los periodistas y medios que han dejado de cubrir las manifestaciones para estar en la puerta del hospital, en el pueblo en el que nació, etc. Lo mismo pasa con las elecciones europeas. ¿Es un caballo de Troya Jorge Verstrynge en Podemos?

Pienso en ese personaje misterioso – o en los varios Frank Underwood que debe haber- que maneja los tiempos y las agendas de este país y del mundo. ¿Realmente se merecen tanto poder? ¿Realmente nadie puede darse cuenta de que sus intereses no corresponden con los intereses de la mayoría? Creo que la respuesta a ambas preguntas es no. ¿Supera la realidad a la ficción?

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